Cuando París, hace 50 años, fue el semillero de 29 grandes artistas colombianos

Cuando París, hace 50 años, fue el semillero de 29 grandes artistas colombianos

Aunque haya nacido a miles de kilómetros de allí. hay ciudades que forman parte de la vida de un artista. Para una generación de pintores colombianos, París fue durante décadas algo más que una postal de la Ciudad Luz: fue el lugar al que había que llegar para mirar los museos, conocer otras formas de pintar, encontrar maestros, perderse entre talleres y cafés y regresar a Bogotá con una idea distinta de lo que podía ser un cuadro.

Medio siglo después, parte de esa historia vuelve a encontrarse en la capital. La exposición Entre París y Bogotá, hace medio siglo, curada por el historiador y crítico Álvaro Medina, reúne 29 nombres que pasaron por esa experiencia de maneras muy diferentes: algunos vivieron largos periodos en Francia, otros estudiaron allí, también hubo quienes hicieron del viaje una estación decisiva o terminaron construyendo su vida artística alrededor de París.

Están Fernando Botero, Luis Caballero, Darío Morales, Maripaz Jaramillo, Emma Reyes, Lorenzo Jaramillo, Heriberto Cogollo, Ana María Rueda y una larga lista de artistas que permite reconstruir una época en la que cruzar el Atlántico para ser pintor era pare de una aventura apasionante y casi indispensable para entrar al circuito del arte mundial.

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Una galería de pintura en cuartos de hotel

La muestra hace parte de la programación de UN_FAIR Tequendama, que se realizará entre el 18 y el 27 de septiembre en el Centro Internacional Tequendama. La idea de la feria es sacar el arte de las salas tradicionales y utilizar locales, espacios públicos y las suites del hotel como lugares de exposición.

La edición de 2026 vuelve a convertir el complejo en una ciudadela artística dentro Bogotá. El formato le permite a una exposición sobre los pintores colombianos que miraron hacia París no aparezca encerrada en el espacio convencional de una galería. Las obras están dentro de un circuito que lleva al visitante por el Tequendama y que, además, mezcla exposiciones, esculturas, música y gastronomía.

La muestra histórica de Álvaro Medina puede visitarse entre el 18 y el 27 de septiembre, con entrada gratuita.

Man riding a large bronze horse statue inside a museum lobby, with onlookers and a balcony above. - Cuando París, hace 50 años, fue el semillero de 29 grandes artistas colombianos
Raúl Bulla, escultor y fundidor bogotano, junto a una de sus esculturas ecuestres en el Tequendama. Su obra explora la anatomía animal mediante técnicas tradicionales de fundición.

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El cerebro de la iniciativa es Christopher Paschall, galerista nacido en Nueva Orleans y criado en París que terminó instalándose en Bogotá. Allí, ha trabajado durante dos décadas y media, como galerista. Ahora creó UN_FAIR.

La feria busca, precisamente, romper con la idea de que para ver arte hay que entrar necesariamente a un museo o a una galería. En esta ocasión, además, el escenario sirve para mirar hacia atrás: antes de que Bogotá pudiera imaginar un hotel convertido en circuito artístico, hubo una generación que tuvo que viajar a París para encontrar buena parte de su mundo vital y artístico.

Medio siglo después de París, vivitos y pintando

Maripaz Jaramillo, cuya historia parece escrita para esta exposición, sigue pintando. Antes de convertirse en una de las artistas más reconocibles de su generación, estudió diseño de modas y modelaje en Londres. Tuvo incluso una boutique de minifaldas en Bogotá.

Fue Luis Caballero, amigo de su hermano Juan Manuel, quien la convenció de abandonar aquel camino y dedicarse al arte. La llevó ante Juan Antonio Roda, entonces director de Bellas Artes de los Andes. Allí, le dijo que aquella muchacha “pintaba muy raro”, pero que debía recibirla.

Jaramillo terminó convirtiendo precisamente esa rareza en una firma. Se graduó en 1973, pasó por los talleres de Stanley William Hayter en París y desarrolló una pintura de colores fuertes, mujeres, parejas, deseo y una mirada poco complaciente sobre la vida cotidiana.

En 2025, a sus 77 años, todavía hablaba de su relación con el arte como la única relación que no la había defraudado. Genio frente al lienzo y el camino.

Otro de los nombres que conecta directamente con París es Heriberto Cogollo, junto a artistas como Gloria Uribe, Gustavo Vejarano, Patricia Tavera, Víctor Laignelet, Luz Lizarazo y Ana María Rueda. La gracia de la exposición está justamente en que no todos llegaron a París buscando lo mismo. Algunos fueron a aprender; otros encontraron allí una comunidad; los demás terminaron construyendo una vida lejos de Colombia y rodeada de arte.

Darío Morales representa otra cara de la aventura de 50 años. Llegó a París en 1968 con un crédito del ICETEX y estudió grabado en el Atelier 17 con Stanley William Hayter. Al año siguiente, decidió quedarse definitivamente. Allí., nacieron sus hijas y desarrolló una obra obsesionada con el cuerpo femenino, los interiores y una pintura figurativa de precisión casi fotográfica.

Murió en París en 1988, a los 44 años.

Entre los artistas de aquella generación aparece también María Teresa Vieco, quien llegó al circuito de Marta Traba siendo apenas una adolescente. A los 15 años, expuso en la galería de la crítica argentina, espacio que en esos años se había convertido en uno de los lugares decisivos para la nueva pintura colombiana.

Vieco hizo amistad con crítica argentina de arte y terminó formando parte de ese grupo de jóvenes que encontraron en ella una figura de impulso y acompañamiento para su creaciones.

Caballero, Botero y la vida que quedó en París

Luis Caballero llegó a París en 1968 y convirtió la ciudad en una parte fundamental de su vida. No llegó allí como un artista consagrado. En una entrevista realizada en la ciudad en los años ochenta dijo, con la ironía propia de su palabra: en Colombia se cree que vivir en París da prestigio, es una idea ridícula.

Para él, la ciudad era otra cosa: el lugar donde había encontrado una vida artística posible cuando, según sus propias palabras, en Colombia no había mercado. Caballero fue también una figura decisiva para Maripaz. Le dio clases privadas, la sacó del mundo de la moda y la llevó a la Universidad de los Andes.

Man seated at a cluttered desk sketches in a large book, in a dimly lit room with papers and plants; photo credit reads 'Foto: Radio Nacional de Colombia' - Cuando París, hace 50 años, fue el semillero de 29 grandes artistas colombianos
Luis Caballero trabaja el carboncillo en su estudio parisino, donde desarrolló una obra marcada por el cuerpo humano, el erotismo y la exploración de la figura, antes de morir en Bogotá, en 1995.

Su propia pintura, marcada por el cuerpo humano, el deseo, la fragilidad y una tensión teatral, siguió un camino muy distinto al de Botero, aunque ambos pertenecieron a esa generación que terminó proyectando el arte colombiano más allá de las fronteras provincianas de la época.

Botero, por su parte, había llegado a Europa en 1952 después de ganar el segundo premio del IX Salón Nacional con Frente al mar. Tenía 20 años y poca plata en los bolsillos. La juventud y el hambre de crear eran su motor. Pasó por Madrid, París y Florencia, estudió a los grandes maestros y regresó a Colombia en 1955 con una formación que terminaría siendo fundamental para encontrar su propio lenguaje.

Casi dos décadas después, en 1973 volvió a instalarse en París. Allí, vivió durante décadas y desarrolló buena parte de su legado escultórico.

La historia tiene un detalle cinematográfico: aquel joven que había viajado con el dinero de un premio obtenido en Colombia terminaría convertido en uno de los artistas latinoamericanos más cotizados y reconocidos del mundo.

Su Mona Lisa a los 12 años fue adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1961; décadas después, sus esculturas ocuparían plazas y avenidas en París, Florencia y Nueva York. Más que una exposición, Entre París y Bogotá, hace medio siglo es la puerta de entrada a las vidas de artistas colombianos que viajaron con una maleta, una beca, un premio, un crédito o simplemente el deseo de pintar a la Ciudad Luz. En el Tequendama, Bogotá vuelve a mirar hacia París a través de los cuadros de una generación para la que la capital francesa fue escuela, refugio, escenario y, en algunos casos, casa.

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