La llamada “Toma de Bogotá” no tuvo la convocatoria esperada, a pesar de la presencia de los indígenas misak en la capital de la República. La convocatoria del pasado 9 de junio no llegó a las 3000 personas.
El llamado “Paro Nacional” cumple 43 días y parece perder impulso, su poder de convocatoria se reduce a diario mientras crece el rechazo de la sociedad hacia sus métodos. Sin embargo la jornada de ayer fue protagonizada, como se ha hecho costumbre, por la violencia, el vandalismo y los bloqueos.
Desde muy temprano los manifestantes violentos bloquearon el acceso de los ciudadanos a los principales portales de Transmilenio y bloquearon criminalmente el paso desde y hacia el Aeropuerto Internacional el Dorado.
En la Calle 26, además del bloqueo arbitrario contra los usuarios de transporte aéreo, miembros de la etnia Misak protagonizaron un vergonzoso caso de vandalismo en contra del momumento en honor de Isabel la Católica y el descubridor Cristóbal Cólon. Escudados en la llamada “deuda histórica” intentaron derribar las estatuas que coronan el momumento, por fortuna la Policía Nacional intervino en defensa del patrimonio público.
Además, dos buses fueron incinerados por terroristas urbanos, que siguen comprometiendo la sostenibilidad del transporte público en la ciudad.
Y por si fuera poco, también se presentaron disturbios frente al Hotel Tequendama, en donde sesionaba la delegación de la CIDH durante su visita al país. Los manifestantes violentos demostraron ser los protagonistas de la violencia al lanzar sobre la Fuerza Pública una lluvia d e piedras y otros objetos contundentes sin que la Policía pueda hacer nada para defenderse.

