
Alimentos Delcasino es la única de las empresas dominantes del sector de salsas y aderezos que, después de casi medio siglo de existencia, permanece en las manos de la familia que la creó. Además, como parte de su estrategia de crecimiento, innova desde hace algunos años en salsas vegetarianas.
La compañía, que en la actualidad es manejada por la segunda generación de la familia Montoya, fue fundada hacia 1980. Germán Montoya tomó la decisión de invertir la liquidación de su empleo en una textilería para asociarse con un amigo que dominaba la fabricación de salsas.
No obstante, su socio lo abandonó sin producto en plena temporada. Ese hecho lo obligó, sin ningún tipo de conocimiento culinario previo, a empezar a fabricar sus productos de manera artesanal en el patio de su vivienda junto a su esposa, Miriam Barrios. El crecimiento del negocio requirió la compra progresiva de las casas vecinas hasta que, en el año 2011, la familia realizó una importante inversión para mudar su infraestructura operativa a una nueva sede en el barrio Cofradía de la localidad de Fontibón, en Bogotá.
Desde el año 2018, la dirección general de la compañía está a cargo de las hermanas Andrea Montoya -quien se desempeña como CEO- y Amanda Montoya en el rol de directora de estrategia de marca y comunicación.
La empresa atiende más de 1.500 restaurantes y establecimientos de comidas rápidas a través de sus cuatro líneas comerciales segmentadas por costo-beneficio: Horeca (línea premium), Delcasino, Acomer y Salserín, siendo estas dos últimas las preferidas por los pequeños microempresarios.
En años recientes, las hermanas Montoya han liderado la diversificación del negocio incursionando en el mercado de venta al detal. Dentro de dicha estrategia, resalta el lanzamiento de salsas cien por ciento veganas (libres de lácteos, huevo y gluten), que registran incrementos en ventas superiores al 20% anual.
De igual forma, el equipo de Investigación y Desarrollo (I+D) estructuró sabores exóticos basados en frutas colombianas como el ají de lulo, gulupa y mango. Después de reportar ventas anuales por un valor de $53.518 millones de pesos en salsas, aderezos y condimentos, los planes de Alimentos Delcasino se concentran en acelerar su internacionalización para conquistar paladares en Estados Unidos, Medio Oriente, África y el sur de Asia.

Los Montoya han logrado sostenerse en un mercado que, debido a la presencia de las multinacionales con estrategias de mercadeos avasallantes, se ha transformado desde sus inicios de emprendimientos familiares y pequeños negocios.
Multinacionales que devoran empresas familiares
Bary fue la última de las grandes marcas de salsas y aderezos consumidas en Colombia que pasó de ser una empresa estrictamente familiar a ser parte del portafolio de multinacionales o conglomerados. Hace apenas siete años, la compró la Organización Ardila Lülle para integrarla al portafolio Nutrimenti de Colombia, que pasó a llamarse Nutrium.
La empresa maneja marcas como Hatsu, Tostao y Doña Guayaba, con las que busca ampliar su portafolio para ir más allá de las tradicionales salsas de tomate, mayonesa y barbecue; incorporando atún, avena, café, mermeladas y snacks a su lista de productos.

La marca modernizó tecnológicamente su planta de producción en Itagüí (Antioquia) en 2011. También impulsó masivamente su presencia comercial convirtiéndose en patrocinador del programa televisivo MasterChef Celebrity Colombia en la edición de 2025. Además, con una estrategia enfocada en la relación entre calidad y precio, la compañía ha consolidado su presencia en más de 200.000 tiendas de barrio y grandes plataformas minoristas del territorio nacional.
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Colombina se quedó con La Constancia
En 1991, siete décadas después de haber sido fundada como un emprendimiento familiar en Bucaramanga, La Constancia fue adquirida por Colombina, multinacional de dulces del Valle del Cauca, liderada por la familia Caicedo, los mismos dueños del ingenio Riopaila-Castilla.
Casi dos décadas después, a partir de 2009, la marca dio un salto estratégico al lanzar la línea La Constancia Food Service, incursionando con fuerza en el mercado institucional con empaques idóneos como bolsas con tapón, galones PET y sachets. Su portafolio abarca salsa de tomate, mayonesa, mostaza, ají, salsa negra e inglesa.
La historia de La Constancia inició lejos del sector alimentario. En la década de 1920, la empresa era una fábrica de tabaco, actividad clave para el desarrollo industrial de Bucaramanga. Por esos días, el establecimiento era propiedad de Francisco García y sus hermanos, quienes posteriormente vincularon como socio a Víctor Martínez-Villalba.
Para el año 1926, Martínez-Villalba adquirió la totalidad del negocio y tomó la decisión de refundar la fábrica. Conservas Alimenticias se enfocó, entonces, en la elaboración de chocolate, café molido, mermeladas y brevas en su jugo.
Con el propósito de ampliar la capacidad operativa, la compañía trasladó las instalaciones a la casa familiar y vinculó al negocio a su hijo, Lelio Martínez Villalba, un recién graduado de ingeniería química de la Universidad Católica Bolivariana de Medellín. En la década de los 50, el joven profesional aportó para el posicionamiento de la pequeña fábrica familiar en el mercado nacional.
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La larga historia de Fruco, el chispazo de un austriaco en Cali
Fruco, la otra empresa que nació como un pequeño negocio familiar y fue adquirida por una multinacional, fue fundada en 1948. Nació en un modesto garaje de la ciudad de Cali. Allí, el inmigrante e ingeniero austríaco Marco Leo Feldsberg, quien arribó a Colombia tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial, vio en la biodiversidad de sabores tropicales una oportunidad para reconstruir su vida.
Feldsberg fundó Frutera Colombiana S.A. en el barrio Santander con la idea de procesar frutas locales para fabricar vinagres y mermeladas. Dos años después, el rumbo de la compañía cambiaría de forma definitiva con la creación de su producto estrella: la salsa de tomate Fruco, que hace parte de la memoria de los colombianos desde entonces.
En colaboración con el ingeniero de alimentos Félix Zweig, Feldsberg perfeccionó una fórmula de salsa espesa, balanceada y con una acidez muy particular, que logró diferenciarse con éxito de las marcas importadas que entraban al país. El producto se convirtió rápidamente en un acompañamiento indispensable para platos populares como el arroz, las empanadas y las comidas rápidas callejeras.
Feldsberg comprendió la importancia de la identidad de marca y acuñó el eslogan publicitario “Como Fruco no hay nada igual”, frase que acompañó a la empresa durante décadas de expansión desde los años cincuenta.
El crecimiento del negocio despertó el interés internacional. En 1962, la firma estadounidense Best Foods adquirió la compañía, aportando músculo financiero y procesos de tecnificación industrial. Casi cuatro décadas después, en el año 2000, la marca pasó a formar parte de Unilever, el gigante global de consumo masivo que la asimiló en su estructura manteniendo intacta su conexión con el consumidor.
En el escenario actual, solo los paisas dueños de Delcasino mantienen las salsas y condimentos con sus originales recetas que nadie ha podido desbancar, a pesar de la entrada en el negocio de multinacionales, conglomerados y estrategias de expansión.
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