El cantante reveló en ‘Los hombres sí lloran’ su lucha contra la dependencia en México y cómo Luisa Fernanda W fue clave para rescatar a su familia

La trayectoria de Andrés Felipe Giraldo Bueno, conocido artísticamente como Pipe Bueno, se construyó sobre el éxito prematuro y la seguridad que parecía inalterable. A los 16 años, mientras realizaba un intercambio escolar fuera de Colombia, lanzó su primer sencillo, “Recostada en la cama”, que se convirtió de inmediato en un hit en los listados musicales colombianos.
Durante 18 años, dicha seguridad guió su carrera bajo la premisa de que todo era posible. Sin embargo, detrás de la fachada del líder que resolvía los problemas familiares, se gestaba una crisis emocional que estalló al mudarse a México.
El traslado junto a su pareja, Luisa Fernanda W. y sus dos hijos, alteró la estabilidad. Fuera de su entorno conocido, enfrentó la presión de abrir mercados en México y Estados Unidos en un momento en que sus canciones recientes no estaban funcionando en la radio ni en las plataformas digitales. La autoexigencia comenzó a mermar su confianza.
Por primera vez en su carrera, el cantante se sintió vulnerable. En lugar de procesar la frustración, recurrió al alcohol, cotidiano en el ambiente de la música popular.
El consumo se incrementó hasta convertirse en una adicción severa. “Antes del desayuno me estaba tomando un café, pero le echaba dos copas de ron”, relató el artista en el podcast Los hombres sí lloran, conducido por Juan Pablo Raba. El licor se transformó en su mecanismo para evadir cualquier emoción: “Si estaba contento bebía, obvio… pues si estaba aburrido bebía porque pues estoy aburrido, y si no estaba sintiendo nada pues bebía para sentir algo”.

Pronto, el consumo dejó de limitarse a los compromisos sociales o a las presentaciones en vivo. Pipe Bueno confesó que consumía sustancias en su propia casa, al lado de sus hijos, después del desayuno: “Si no estaba borracho, estaba drogado. Me desconocía, yo decía ‘¿yo qué estoy haciendo?'”. A pesar de un diagnóstico médico en noviembre que le prohibía ingerir licor debido a niveles altos de colesterol y riesgo cardíaco, su reacción fue de resistencia: “Fue como si me hubieran dicho ‘andá bébete el mar y los ríos y el océano'”. Sentía que avanzaba con “el pie en el acelerador a fondo, solo esperando dónde me iba a pegar un trancazo”.
El punto de quiebre ocurrió una mañana en su casa en México. “Me levanté de la cama y Luisa y mis hijos se habían ido”, recordó. Su pareja y sus hijos se habían trasladado a un hotel. Al verse solo y desorientado en la vivienda, pensó en seguir bebiendo, pero la salvadora idea de no ver crecer a sus hijos lo detuvo. Decidió buscarlos en el hotel. Llegó, según sus palabras, “con las rodilleras puestas”, suplicando que no lo dejaran dormir solo en casa.

Luisa Fernanda W ya había tomado la decisión de separarse, agotada por el desgaste emocional del alcoholismo. No obstante, al verlo en un estado de profunda indefensión, aceptó regresar a la casa, bajo la condición de que él asumiera la responsabilidad de su vida. Una vez en el hogar, el cantante le propuso un trato directo: “Dame la última oportunidad… obsérvame a ver si te vuelves a enamorar”.
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Promesa cumplida hasta la fecha
A partir de ese día, Pipe Bueno inició su proceso de recuperación. El primer paso fue buscar ayuda profesional e inmediata. Le escribió un mensaje directo por Instagram a su terapeuta, Efrén: “Ey, brother, papis, 911, estoy en una emergencia”. Desde entonces, comenzó terapia psicológica semanal para aprender a gestionar sus emociones sin recurrir a sustancias embriagantes.
El componente espiritual fue decisivo en su transformación. Durante un rosario en la capilla de su rancho, el artista experimentó un quiebre emocional. “Lloré todo el rosario… hace mucho rato yo no sentía tanta vergüenza con Dios”, admitió. Allí, decidió entregarle sus adicciones y comprometerse a mantenerse sobrio como suele hacerse en los grupos de 12 pasos, que han curado millones de personas de sus dependencias, desde su fundación hace más de 80 años.
Su pareja reforzó este proceso entregándole el libro Mi princesa, un texto espiritual que él abrió al azar y cuyas palabras sobre la paciencia y los tiempos perfectos de Dios le devolvieron la calma.
La sobriedad no solo estabilizó su vida familiar, sino que además transformó su relación con la música. Pipe Bueno reconoció que llevaba años desconectado de su arte, produciendo canciones de manera automática por el interés comercial. La inspiración se había ido de la mano de la sobriedad y el amor familiar.
En su proceso de sanación, compuso y grabó el álbum Aquí estoy yo, el cual considera el más importante de su vida, al incluir por primera vez temas dedicados a su esposa y a sus hijos.
Hoy, tras varios meses sobrio y con una rutina que incluye ejercicio físico y prácticas de respiración al amanecer, Pipe Bueno reconoce el papel fundamental de su pareja en su salvación. “Dios a través de ti te sostuvo para que me sostuvieras en los momentos más difíciles de mi vida”, le expresó directamente a Luisa en el podcast.
El artista concluye que, para salvar su carrera y su hogar, primero tuvo que sanar interiormente: “Si yo no arreglaba lo primero, que era mi persona, era imposible tener una buena familia”.
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