Con sus siete plazas el bloque de gobierno parecería tener asegurado su control, mientras que la oposición llega con la pesada carga de la división

José Antonio Parra y Plinio Alarcón son los dos únicos magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE) que no tuvieron mayores problemas para ser elegidos porque, de alguna manera, ya jugaban de locales y tenían un conocimiento privilegiado sobre cómo se cuecen las habas en la corporación.
Parra se venía desempeñando como director de Vigilancia y Control del Consejo y desde los tiempos de Alexander Vega como registrador se movía como pez en el agua en los círculos de la organización electoral. De hecho, fue varios años el secretario jurídico de la Registraduría.
Hasta su posesión como consejero Parra, a su vez, se venía desempeñando como el jefe jurídico del Consejo Nacional Electoral y desde allí adobaba doctrinas sobre temas críticos como violación de topes de campaña, disputas por credenciales en elecciones a corporaciones públicas.

Parra contó sin problemas con el aval de Salvación Nacional, partido de gobierno, hecho que representa para él un plus cuando se elija la mesa directiva, ya que con sus tres escaños la oposición, que además luce dividida, está en franca minoría.
Plinio Parra, a su vez, encontró las puertas abiertas del Centro Democrático -partido cercano al gobierno, con algunos bemoles- en coalición con Mira, organización política que cobra cada vez mayor fuerza en la medida en que el presidente Abelardo De la Espriella le apuesta al ecumenismo religioso.
Los quemados al congreso que terminaron de magistrados del CNE
Algunos de sus compañeros llegan, al menos en teoría, con menor fuerza por los avatares políticos que han sufrido. Gersel Pérez, ficha de Cambio Radical en el Atlántico, se quemó en su aspiración por llegar al Senado y perdió entre los suyos parte de la aceptación que alcanzó cuando se desempeñó como representante a la Cámara en el período anterior. Sin embargo, en mancuerna con la Alianza Verde su plancha al Consejo Nacional Electoral alcanzó 28 votos.

Un camino similar ha recorrido Juan Carlos Wills Ospina que también falló en su intento por dar el salto de la Cámara al Senado porque su partido, el conservador, solo alcanzó diez curules y el figuraba en el número 14 en la lista. De todas maneras, promete ser una ficha clave en una eventual consolidación de un bloque de colectividades afines al gobierno.

El caso de Juan Felipe Lemos Uribe, aunque tampoco tuvo fortuna para llegar al Senado, su ascendiente político es distinto a los de sus compañeros porque en tiempos recientes (2023-2024) fue codirector y presidente del Partido de la U, que lo cuenta entre sus “activos fijos”.
Silvio Carrasquilla, del Partido Liberal, fue tres veces representante a la Cámara y gobernó a su Turbaco natal de 2004-2007. La cercanía geográfica y las afinidades ideológicas lo que aproximaron a quien ahora apadrinó su elección al CNE: el expresidente del congreso Lidio García Turbay. Carrasquilla cobró notoriedad cuando, desde su condición de alcalde, animaba a su pueblo a votar simbólicamente por Barack Obama como presidente de Estados Unidos.
El reencauche de la exdirectora del Centro Democrático
Nubia Stella Martínez, Uribista de tiempo completo, llega con los pergaminos que le da el hecho de haber sido cofundadora y directora del Centro Democrático.

Le fue bien en su proceso de elección porque logró aglutinar a los integrantes de una plancha de la que hacían parte también los partidos liberal y conservador, La U, Salvación Nacional y Mira que consiguió 169 votos.
Con el estigma de la división llegan, en cambio, las consejeras Cielo Rusinque y Ana Jimena Bautista Revelo. Las dos tuvieron el guiño del expresidente Gustavo Petro, pero el cedazo por el que pasaron sus aspiraciones dentro del Pacto Histórico y de un sector de la Alianza Verde fue complejo y dejo ver fisuras difíciles de resanar cuando se aproximan ya las elecciones regionales del próximo año.

Rusinque fue ficha y fusible de Petro durante todo su gobierno y Ana Jimena Bautista debió reforzar su aspiración con el apoyo de Felipe Harman, exdirector de la Agencia Nacional de Tierras. Ella es mucho menos política que Rusinque pues su trabajo ha tenido más un perfil técnico, aunque cargadamente ideológico, en los campos de la reforma agraria y las políticas para víctimas del conflicto.
Su aproximación a los verdes expuso sus grietas. Dejó ver dos sectores que hoy parecen irreconciliables. Uno, encabezado por el gobernador de Boyacá, Carlos Andrés Amaya, hoy proclive a acuerdos con el gobierno y otro más atado a los intereses de la izquierda en la oposición del que hace parte Ariel Ávila.
Se avecinan duras pruebas para el Consejo Electoral. Una de las más duras es la de su propia credibilidad, en momentos en que crece una corriente de opinión que aboga por su desaparición del mapa institucional colombiano por su marcado origen partidista y su sesgo de dependencia de las colectividades políticas.


