
La historia comienza con una pareja improbable. En una orilla, un vicealmirante colombiano retirado, serio y acostumbrado durante décadas a la disciplina de la Armada. En la otra, un galerista francés, delgado, de corbata y blue jean, conversador y habituado a moverse entre estudios, museos y ferias de arte internacionales.
Para que la historia ocurriera, ambos tuvieron que cruzar hacia el mundo del otro. Christopher Paschall y Jorge Iván Gómez Bejarano pertenecen a mundos que rara vez se encuentran: el arte y la milicia. Sin embargo, juntos convirtieron uno de los lugares más tradicionales de Bogotá en una feria de 30 galerías, instalada en los pisos 27, 28 y 29, con una veintena de locales del primer piso y obras en las plazoletas del Centro Internacional.

Lo que ocurre estos días allí no se parece mucho a una feria de arte tradicional encerrada en un pabellón y en galerías. UN_FAIR se reparte entre las suites de los pisos altos, los locales comerciales del primer piso, las plazoletas y la terraza del cuarto piso.
La edición 2026 reúne cerca de 300 artistas y curadores, 30 galerías y medio millón de visitantes entre el 23 y el 27 de septiembre en la antesala, los pasillos, los salones y las habitaciones de los pisos altos de un hotel que en sus días dorados hospedó a Charles de Gaulle, Pelé, la Madre Teresa de Calcuta, Cantinflas, Jackie Kennedy, Fidel Castro y los 70 colombianos que reformaron la Constitución en 1991, entre otros personajes ilustres.
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Cuando un vicealmirante abrió las puertas del hotel Tequendama a los artistas
La historia de la alianza entre el galerista francés y el vicealmirante retirado tuvo sus primeras pinceladas en 2025.
Paschall venía de dirigir durante seis ediciones Barcú, festival que convirtió casonas de La Candelaria en espacios de arte contemporáneo. Pionero. El Tequendama, mientras tanto, tenía algo que pocas ferias pueden comprar: un complejo de 250.000 metros cuadrados, con hoteles, salones, restaurantes, comercio, parqueaderos y una ubicación en el corazón de Bogotá.

La primera UN_FAIR, en 2025, funcionó como prueba. Los números le dieron continuidad: 18 galerías, 86 artistas, más de 50 intervenciones gratuitas y miles de visitantes en las suites. Esa primera edición desarrolló más de 50 intervenciones gratuitas y, según la organización, alcanzó a más de 950.000 personas a través de sus plataformas y activaciones.

En las suites se registraron 3.887 visitantes y participaron 86 artistas. Además, el 95 % de las galerías registró ventas, con operaciones reportadas entre US$500 y US$10.000. De allí, salió la alianza entre UN_FAIR International y la Sociedad Hotelera Tequendama, con el apoyo de CREMIL, la Caja de Retiro de las Fuerzas Militares.
El vicealmirante Jorge Iván Gómez Bejarano llegó a ese edificio tras una carrera que empezó, en 1984, en la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla. Fue jefe de Operaciones Logísticas de la Armada, director financiero y vicepresidente ejecutivo de COTECMAR, director regional de la Agencia Logística de las Fuerzas Militares y gerente del Club Naval de Oficiales, entre otros cargos, antes de convertirse en gerente de la Sociedad Hotelera Tequendama.
Gómez Bejarano llegó al Tequendama en diciembre de 2020, en plena pandemia y en un momento especialmente difícil para el negocio hotelero. La crisis había golpeado los ingresos de la Sociedad Hotelera Tequendama y obligaba a buscar nuevas maneras de darle vida a un complejo que, además de hotel, reúne espacios comerciales, oficinas y escenarios para eventos.
Durante años, su trabajo transcurrió entre órdenes, horarios, operaciones, oficinas y cadenas de mando. La logística era una cuestión de precisión: personas, equipos, tiempos y espacios tenían que estar donde correspondía. Después, en el mundo de los hoteles, esa misma obsesión por hacer que las cosas funcionen encontró otro escenario.
En ese proceso comenzó a mirar el conjunto Tequendama no solo como un activo inmobiliario y hotelero, sino como un espacio con capacidad para conectarse con la cultura y con la ciudad.
Christopher Paschall lleva 23 años como galerista y ha participado en más de 130 proyectos y ferias nacionales e internacionales. En 2014 fundó Barcú, que dirigió durante seis ediciones antes de UN_FAIR.

De esa mirada, surgió el acercamiento al arte contemporáneo y, posteriormente, el encuentro con el galerista y productor francés Christopher Paschall, con quien tomó forma la idea de llevar las galerías y las obras a las suites, locales, calles y espacios del Centro Internacional.
La aparición de Paschall, nacido en Nueva Orleans y criado en París, como aliado fue clave para sorprender a Bogotá con una galería de arte cosmopolita y novedosa.
De ese modo, nació UN_FAIR Tequendama, una apuesta que convirtió temporalmente buena parte del conjunto en escenario artístico y que Gómez Bejarano presentó como una manera de recuperar el Centro Internacional como un lugar de encuentro entre artistas, ciudadanos y visitantes.
Paschall ha descrito la relación como un matrimonio a 20 años. El vicealmirante Gómez está de acuerdo. Según sus cuentas, participar en la feria que crearon con su inusual alianza cuesta aproximadamente una cuarta parte de una feria promedio y un tercio de lo que cuesta ARTBO.
El galerista francés y el militar retirado encontraron en el nombre del hotel convertido en galería una señal para avanzar en una idea que muchos consideraron locura. Tequendama significa “puertas abiertas” en lengua muisca: antes fueron cantantes, artistas y jefes de Estado. Incluso astronautas. Ahora son cuadros, esculturas, pintores, galeristas y coleccionistas.
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París, antes de Bogotá: las noches que terminaron llevando a Paschall al arte
Christopher Paschall nació en Nueva Orleans, creció en París y terminó haciendo de Bogotá su ciudad. Tiene acento rolo y se siente feliz de ofrecerle arte a la capital.
En 2001, abrió su primera galería en Bogotá y durante más de dos décadas se movió entre artistas, exposiciones, ferias y coleccionistas. Su historia con el arte nació en París, donde entró en contacto con los artistas colombianos que habían convertido la ciudad en uno de sus principales lugares de formación y encuentro.
Paschall no conoció aquella mítica ciudad desde la distancia de un museo. Fue en los estudios y las conversaciones de los artistas. Allí comenzó a grabar encuentros con creadores colombianos y conservó esas voces durante más de veinte años. Ese archivo regresó ahora a Bogotá convertido en Entre París y Bogotá, hace medio siglo, exposición curada por Álvaro Medina con la memoria de 29 artistas.
Ahora, con el apoyo incondicional del vicealmirante retirado que le apuesta al arte, volvió a romper paradigmas. En las plazoletas del Tequendama empieza el recorrido que termina en la terraza con vista panorámica a Bogotá. Allí, Christian Albarracín lleva una escultura de casi dos metros y 200 kilos elaborada con 6.500 capas de papel fabricado a partir de fibras de bagazo de caña.
Paschall calcula que esta edición puede atraer a más de medio millón de visitantes.
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Un artista y un militar abriendo las puertas del emblemático Hotel Tequendama
El Hotel Tequendama abrió sus puertas en 1953 y hospedó también al Dalai Lama, Bill Clinton, Julio Iglesias y Vicente Fernández. Su Salón Rojo llegó a ser uno de los escenarios centrales de la vida política y cultural de Bogotá.
Hoy, en sus alrededores y en su interior, ocurre algo que el edificio no había hecho antes de esta manera: una habitación deja de ser una habitación y conserva, al mismo tiempo, la intimidad de una habitación. El visitante entra simplemente a mirar: sube en un ascensor, abre una puerta, atraviesa una suite, vuelve al pasillo y encuentra otra.
Al final vuelven a aparecer los dos hombres que hicieron posible el encuentro. Paschall, el galerista que llegó de Nueva Orleans, creció en París y encontró en Bogotá su ciudad; Gómez Bejarano, el oficial que entró a la Armada en 1984 y terminó administrando el complejo que ahora alberga esta feria.
Uno conoce el lenguaje de las obras y de las galerías. El otro conoce el lenguaje de los edificios, los tiempos y la logística. Durante estos días, sus dos mundos ocupan las mismas puertas que el Tequendama lleva más de siete décadas abriendo.
Es fácil imaginar que, al terminar una jornada, entre una suite todavía llena de cuadros y el ruido de la ciudad que sube desde la carrera Décima, se estrechen la mano antes de separarse: el militar y el galerista, dos hombres que llegaron desde caminos opuestos al mismo lugar y consiguieron que, por unos días, el Tequendama volviera a hacer honor a su nombre.
Abriendo las puertas de Bogotá al arte o viceversa.
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