el invento de un joven colombiano para escuchar con el corazón

el invento de un joven colombiano para escuchar con el corazón

En una visita a un grupo de estudiantes con discapacidad auditiva en Neiva, una niña pasó al frente para probar un dispositivo en su muñeca. A su lado, un teléfono reprodujo el sonido de dos aves locales. Tras percibir las vibraciones en su piel, la estudiante comenzó a seguir con la mano los altos y bajos de la frecuencia sonora y luego sonrió.

Ese fue el primer ensayo exitoso en campo de ‘Alas de Inclusión’, un dispositivo desarrollado por Juan Sebastián Ávila Pérez. El joven huilense de 15 años logró lo que parecía imposible: que una persona sorda pudiera sentir el canto de un ave y escucharlo, literalmente, con el corazón.

Detrás de este desarrollo tecnológico hay un proceso marcado por un interés temprano en el medio ambiente y antecedentes médicos que definieron su infancia.

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Los primeros años y el acercamiento a las aves

Nacido de forma prematura, pasó sus primeras semanas en un programa de “bebé canguro”. A los cinco años, fue diagnosticado con una hipertrofia de adenoides que le causaba episodios recurrentes de apnea del sueño (es como si se le olvidara respirar).


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“El hecho de que debes acostarte con tu hijo en la cama y estar pendiente en la noche también, y hacer como el relevo para dormir junto con tu esposo… fue una situación bastante difícil como padres, porque era mirar que ese bebé no se fuera a morir”, recuerda Lorena Pérez, su madre, confesando que el miedo la volvió sobreprotectora por mucho tiempo.

Tras superar dos cirugías, Juan Ávila Pérez continuó su crecimiento y, a los ocho años, asistió a un taller en el Jardín Botánico de Neiva organizado por el grupo Pajareritos del Huila. Durante esa actividad, la naturaleza le regaló un espectáculo que lo cautivó para siempre: vio cazar a un águila pescadora.. “Los dos saltábamos como niños pequeñitos viendo el águila pescadora”, evoca su madre con emoción.

Este interés lo llevó a crear la cuenta de Instagram @JuanPajarero_Aves para divulgar contenido sobre biodiversidad. Empezó a tomar fotografías con una cámara compacta. Posteriormente, entidades como Guardianes de las Aves y marcas de cámaras profesionales le entregaron equipos con los que fue mejorando su actividad. Actualmente, utiliza un equipo profesional adquirido por su familia.

El origen de Alas de Inclusión en Villeta

La idea de crear el dispositivo surgió a sus 13 años, durante una salida de avistamiento en Villeta, Cundinamarca. En esa jornada, Juan Sebastián Ávila compartió espacio con una persona ciega que identificaba a las especies de la zona a través de su canto.

El impacto de su mensaje de conservación y empatía trascendió los escenarios científicos y llegó a la televisión pública nacional. Su historia fue destacada al convertirse en el protagonista del cuarto capítulo de la serie animada infantil Frailejón Ernesto Pérez y el acecho de las sombras siniestras, consolidando su labor como un referente para la niñez en Colombia.


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La situación generó una duda que le planteó directamente a su madre: “Mami, ¿y los niños sordos por qué no hacen avistamiento de aves?”.

“Cuando él me hizo esa pregunta, yo como persona me sentí mal”, señala Lorena Pérez. “Hablamos todo el tiempo de inclusión social, pero realmente como sociedad nosotros nos hemos evaluado y hemos mirado que lo que estamos haciendo es inclusión social o es una inclusión social fachada… Me duele como ser humano de que haya tenido que ser un niño el que haya tenido que enseñarme”. Al investigar sobre el asunto, el joven huilense notó que existían menos herramientas recreativas al aire libre enfocadas en la población sorda, por lo que empezó a indagar y esto lo llevó a preguntarse: “¿Y si transformamos el canto de las aves en vibraciones?”.

El desarrollo técnico del dispositivo

La construcción del primer prototipo se basó en un micrófono, una placa Arduino y un motor de juguete, pero la vibración que emitía era constante y no reflejaba los cambios de ritmo del canto.

Para mejorar el sistema, el joven buscó la asesoría del profesor Jorge Henao en el Tecnoparque SENA de Neiva, quien lo orientó en el ensamblaje de circuitos y en el código de programación.

El joven inventor relata el procedimiento para ajustar el software del dispositivo: “Fueron varios días intentando con una, intentando con otra, un error por aquí, un error por allá, que un punto, que una coma… hasta que en una decidí probar un código al azar. Cuando yo hablo, el motor vibra, y yo ahí me quedo callado. Yo pienso y hablo otra vez y el motor vibra otra vez”.

Para probar la calibración final, reprodujo el canto de un alcaraván (Vanellus chilensis) desde su celular. El motor respondió a la frecuencia de forma precisa y en tiempo real: “Y yo de ahí dije: lo logré. Lo logré, lo logré y lo logré”, expresó con ánimo.

La versión actual del equipo consiste en una manilla que integra un micrófono de la serie MAX, dos motores tipo moneda (similares a los usados en teléfonos celulares para emitir alertas táctiles), una pila recargable de nueve voltios y una placa con conectividad Bluetooth para modificar el umbral del sonido a través de un sitio web. 

Presentaciones internacionales y proyección académica

Con este avance, Juan Sebastián Ávila Pérez participó en los encuentros departamental y nacional de la RedColsi en Barranquilla. Posteriormente, obtuvo cupos para exponer el proyecto en la feria CIENCIA en Lima, Perú, y en el encuentro internacional de semilleros EICI en Asunción, Paraguay.

En el ámbito de reconocimientos, recibió el premio internacional Action For Nature y el galardón a la Excelencia Juventud Huilense.

Actualmente se encuentra en proceso de patentar el dispositivo y, entre sus planes a futuro, contempla estudiar Ingeniería de Software sin dejar de lado el deporte y la fotografía.

Sobre su visión respecto a la accesibilidad en los espacios naturales y el desarrollo de nuevas tecnologías, concluye con una reflexión sobre el diseño de la sociedad actual:

“Imaginen por un momento un parque lleno de niños, ellos ríen, juegan, se divierten. Pero en eso canta un ave. Todos voltean a buscarla, todos menos un niño. Ese niño no escuchó nada. Y no es que no quiera participar, es que lamentablemente el mundo no está hecho para él… El mundo debería estar hecho para todos”, considera.

Redacción: Nicolás Fabián Angarita 


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