
A lo largo de sus más de ocho décadas, El Campín ha visto pasar generaciones de futbolistas, hinchas, grandes partidos y también conciertos, despedidas y otras celebraciones.
Además, ha cambiado con Bogotá: el escenario que abrió sus puertas en 1938, en terrenos donados por el empresario y dirigente político Nemesio Camacho, pasó de ser un recinto para cerca de 23.500 espectadores a convertirse en el principal templo del fútbol capitalino.

Ahora, el estadio se prepara para una transformación que va mucho más allá de una nueva fachada o una ampliación de graderías.
La apuesta es construir un escenario completamente nuevo. Estará ubicado junto al actual. De ese modo, la zona se convertirá en un complejo deportivo, cultural y de entretenimiento.
El proyecto contempla una inversión de varios billones de pesos y un estadio que, según los anuncios más recientes, tendrá capacidad para más de 60.000 espectadores.
La dimensión de la obra se refleja en los nombres que participan en ella. Sencia, concesionario encargado del proyecto, ha reunido firmas internacionales con experiencia en arquitectura, ingeniería y construcción de grandes escenarios.
Algunas han trabajado en estadios de talla mundial, como el Santiago Bernabéu de Madrid, con capacidad para 80.242 espectadores, y el Ahmad Bin Ali de Al Rayyan, Catar, para 45.032 aficionados. mientras otras han participado en obras de infraestructura y edificios emblemáticos en distintas partes del mundo.

No se trata, sin embargo, de un solo equipo haciendo lo mismo. Cada compañía tiene un papel distinto dentro de una iniciativa que ha cambiado de alcance y de esquema durante su desarrollo.
Entre los nombres que aparecen en el proyecto están L35, WSP, BDP Pattern y PowerChina, además de otras firmas que han participado en etapas previas o en componentes técnicos.
Los españoles que trabajaron en el Bernabéu y el diseño de El Campín
Muchos de los visitantes que llegan a Madrid suelen tener una parada obligatoria en el Santiago Bernabéu.
La casa del Real Madrid dejó de ser únicamente un estadio de fútbol: su transformación incluyó una nueva envolvente, una cubierta retráctil y espacios pensados para recibir eventos durante buena parte del año. Detrás de parte de ese rediseño estuvo L35, firma de arquitectura fundada en Barcelona en 1967.

La compañía participó en la transformación del estadio español y ha trabajado en proyectos deportivos y urbanos en distintos países.
Entre ellos está el diseño del estadio Simón Bolívar, para el Club Bolívar de Bolivia, y el proyecto del estadio Sheikh Mohammed Bin Rashid Al Maktoum, en Dubái. También ha desarrollado proyectos comerciales y de usos mixtos, como Puerto Venecia, en Zaragoza.

Su experiencia en arquitectura deportiva y grandes espacios es parte de lo que la conecta con la apuesta bogotana.
L35 ha estado vinculada al desarrollo del proyecto de El Campín y a la propuesta arquitectónica que busca darle una nueva imagen al escenario. En el complejo también se contempla un auditorio para la Orquesta Filarmónica de Bogotá, además de espacios comerciales y de entretenimiento.

El papel de cada firma debe leerse dentro de un diseño que ha ido evolucionando. La propuesta inicial planteaba una intervención integral del estadio y sus alrededores; el alcance presentado más recientemente contempla un nuevo recinto, con una capacidad mayor y condiciones para recibir tanto partidos como conciertos y otros espectáculos.
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WSP, la ingeniería detrás de los grandes proyectos
Junto a los arquitectos aparece WSP, firma internacional de ingeniería con presencia en más de 50 países. Aunque nació en Reino Unido en 1969, su expansión incluyó una fusión con la canadiense GENIVAR en 2012, tras la cual adoptó el nombre con el que opera globalmente.
En Colombia, WSP ha estado vinculada a proyectos de infraestructura como la primera línea del Metro de Bogotá, el Movistar Arena y el túnel del Toyo. En el exterior, su trayectoria incluye obras como el One World Trade Center, en Nueva York, y The Shard, en Londres.

En El Campín, su trabajo está relacionado con la ingeniería del proyecto y el desarrollo de soluciones para que el diseño se materialice.
En un estadio de estas dimensiones, la tarea va más allá de levantar una estructura: implica resolver aspectos como la seguridad, el funcionamiento de las instalaciones, la ventilación, la iluminación y la operación simultánea de distintos espacios.
La cubierta retráctil exige coordinar arquitectura, estructura y sistemas técnicos. Lo mismo ocurre con las graderías y las áreas destinadas a los espectadores, que deben responder a las condiciones de un escenario que recibirá tanto eventos deportivos como musicales.
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BDP Pattern y la experiencia en estadios
Otro nombre europeo que aparece en el proyecto es BDP, firma británica fundada en 1961 por el arquitecto Grenfell Baines. Su modelo de trabajo reunió desde sus inicios distintas disciplinas, entre ellas arquitectura, ingeniería, paisajismo y urbanismo.
Su división especializada en deportes y entretenimiento, BDP Pattern, ha participado en el diseño de escenarios como el Everton Stadium, en Inglaterra, y el Ahmad Bin Ali, en Catar, uno de los estadios utilizados durante el Mundial de 2022.

La experiencia de esta división es relevante para un proyecto como el de Bogotá, donde el estadio no se concibe como una construcción aislada, sino como el centro de un complejo de usos múltiples.
En enero de 2026, BDP Pattern presentó el diseño conceptual del nuevo El Campín y señaló que trabaja junto a Sencia y WSP. La firma aparece como consultora principal de diseño, con una propuesta que integra el estadio y su entorno.
La idea es que el recinto pueda funcionar de manera independiente y, al mismo tiempo, conectarse con el resto del complejo. Esto supone organizar accesos, recorridos peatonales y zonas públicas para que un partido, un concierto o una actividad cultural no dependan de la misma dinámica de circulación.
PowerChina, la firma que asumirá la construcción
La participación de las compañías internacionales también ha cambiado a medida que el proyecto avanza. Uno de los anuncios más recientes fue la selección de PowerChina como contratista principal para desarrollar el nuevo estadio y el complejo.
La compañía china es conocida en Colombia por su participación en proyectos de infraestructura como Hidroituango y el Metro de Bogotá. Su papel en El Campín será distinto al de las firmas encargadas del diseño: bajo el modelo de ingeniería, adquisición y construcción —conocido como EPC—, tendrá a su cargo los diseños técnicos definitivos, el suministro de materiales y la ejecución de la obra.

La llegada de PowerChina marca una nueva etapa para el proyecto, que había contemplado previamente la participación de un grupo de empresas liderado por ERG International Group.
En dicho esquema aparecían firmas como Mace, BDP Pattern y WSP, entre otras. La selección de un nuevo contratista principal reorganiza las responsabilidades de construcción y obliga a distinguir entre las compañías que participaron en etapas de diseño y las que tendrán a cargo la ejecución.
Otras compañías que convertirán El Campín en el estadio soñado por los bogotanos
La propuesta para El Campín también ha incluido la participación de SOCOTEC, firma francesa especializada en inspección, consultoría y certificación técnica. Fundada en 1953, la compañía tiene experiencia en evaluación de estructuras, seguridad y control de calidad.
Su presencia se ha mencionado dentro del grupo de empresas vinculadas al proyecto, aunque el alcance puntual de sus responsabilidades debe precisarse con Sencia antes de atribuirle tareas específicas en la cimentación, la cubierta o las graderías.
Lo que se proyecta para El Campín va mucho más allá de remodelar el estadio que los bogotanos conocen: la apuesta es levantar un nuevo escenario y, al mismo tiempo, transformar buena parte de su entorno.
El fútbol seguirá siendo protagonista, pero compartirá el espacio con la Orquesta Filarmónica, comercio, hotelería, servicios de salud y zonas para el entretenimiento y la recreación. Para hacer realidad esa transformación, Sencia reunió compañías con experiencia en grandes proyectos internacionales; el verdadero desafío será ahora traer ese conocimiento al terreno bogotano y hacerlo funcionar con las necesidades, dinámicas y particularidades de la ciudad.
El Campín, que nació como un escenario para los primeros grandes encuentros deportivos de la capital, se prepara así para otra etapa. Esta vez, el cambio no será solo de capacidad o apariencia: busca convertir el lugar donde se han escrito algunas de las historias más recordadas del fútbol colombiano en un complejo que funcione durante todo el año.
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