El regreso del cóndor a los páramos, una proeza que logró un equipo de científicos trabajando en el parque Jaime Duque

El regreso del cóndor a los páramos, una proeza que logró un equipo de científicos trabajando en el parque Jaime Duque

En Colombia, cóndores no vuelan todos los días. Desde hace más de una década, la Fundación Parque Jaime Duque trabaja en tres frentes: reproduce ejemplares bajo cuidado profesional, los prepara para que puedan regresar a la vida silvestre y sigue a los que ya viven libres en las montañas.

Detrás de este trabajo, está el Programa de Conservación del Cóndor de los Andes de la Fundación Parque Jaime Duque, que comenzó en 2012 y tiene a Fernando Castro Vargas como coordinador de Conservación e Investigación.

Junto a él, en la reserva La Piedra del Cóndor, trabajan Estefanía Gómez Betancurt, Carlos Grimaldos, Valentina Jácome, Eywar Niño, Elkin Carvajal, Luis Alonso Calderón, Carlos Calderón y Alejandro Calderón, entre investigadores y profesionales vinculados al programa.

Hoy, la Fundación tiene nueve cóndores bajo cuidado profesional y monitorea una población silvestre que ya supera los 40 individuos en el Páramo El Almorzadero (Santander) . El programa ha requerido alta inversiones: entre 2015 y 2019 fueron $3.500 millones usados en reproducción, monitoreo, trabajo con comunidades y liberación de ejemplares.

Rafiki, cóndor nacido el 29 de julio de 2024, avanza hacia su liberación en El Almorzadero prevista para las próximas semanas. Detrás de su inminente vuelo por los Andes colombianos, hay mucho más que una cría nacida en cautiverio.

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Recientemente, una alianza con la CAR involucró recursos por más de $428 millones para fortalecer dicho trabajo de conservación. Es un esfuerzo que ocurre mientras el cóndor, el ave que desde 1834 aparece en el escudo nacional, sigue en peligro crítico de extinción en el país. Colombia es el territorio con mayor diversidad de aves del mundo: en 2026 volvió a ocupar el primer lugar del Global Big Day, con 1.566 especies registradas en una sola jornada.

Sin embargo, esa riqueza tiene dos alas: una sana y la otra herida. Colombia es el país con más pájaros en todo el planeta y, al mismo tiempo, tiene decenas de especies amenazadas. De ellas, el cóndor es, sin duda, la más emblemática.


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Cría cóndores y te alegrarán los ojos: los polluelos que crecen en el Parque

Volver a ver volar el cóndor no es asunto de abrir la puerta de una jaula. En Tocancipá (Cundinamarca), el equipo del Parque Jaime Duque trabaja con individuos que no pueden regresar a la naturaleza y que forman parte de un programa de reproducción y conservación genética.

El programa comenzó hace más de una década. Una de las apuestas fue traer desde Chile tres parejas de cóndores para intentar establecer un programa reproductivo en Colombia. Después de años de espera, una de esas parejas, Xue y Chie, consiguió poner un huevo viable. Rafiki nació el 29 de julio de 2024, después de un proceso de incubación artificial que permitió controlar temperatura, humedad y rotación durante cerca de dos meses.

El nacimiento fue apenas el comienzo. Los cuidadores debían conseguir algo aparentemente contradictorio: criar al animal sin convertirlo en una mascota. Por eso, Rafiki fue alimentado mediante una figura que imitaba la cabeza de un cóndor adulto, mientras los técnicos evitaban que asociara la comida con las personas.

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Según es el pájaro, así es el nido. En sus primeros meses estuvo en condiciones controladas y después pasó a espacios más amplios, donde comenzó a fortalecer alas, cabeza y musculatura. Además, aprendió comportamientos indispensables para la vida silvestre: un cóndor criado como mascota no sobreviviría un puñado de vuelos en la cordillera de Los Andes.

La experiencia permitió que el programa siguiera avanzando. En 2025 nacieron Wayra y Ámbar. Al año siguiente, se sumó Cattleya, hija de Katuma, un macho procedente del Parque de la Conservación de Medellín.

El que es buen cóndor en cualquier montaña canta. También aterrizó Audrey, una hembra llegada de un zoológico de Estados Unidos. Su nacimiento fue importante por una razón genética: pertenece a una pareja reproductora diferente de la que produjo a Rafiki, Wayra y Ámbar.

La crianza tiene además una razón de fondo. El cóndor es una especie de reproducción lenta: una pareja suele criar un solo polluelo viable cada dos años y los individuos pueden tardar entre ocho y diez años en alcanzar la madurez sexual. Por eso, cada nacimiento cuenta y cada pérdida pesa sobre una población silvestre que las estimaciones actuales sitúan en alrededor de 150 individuos en Colombia.

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Rafiki nació el 29 de julio de 2024, tras 60 días de incubación artificial y con 208 gramos. Hoy, con dos años, hace parte de un programa que busca recuperar una población silvestre de apenas 150 cóndores en Colombia.

Un solo cóndor no hace verano: el programa no se sostiene únicamente con las incubadoras. La Fundación señala que buena parte de sus recursos proviene de los visitantes del Parque Jaime Duque y ha establecido alianzas con entidades como la CAR de Cundinamarca y OPAIN, que en 2025 se convirtió en padrino de Rafiki.

En un convenio con la entidad ambiental para acciones de conservación se reportó una inversión superior a $428 millones, destinada a tecnología, protección de fauna y fortalecimiento de capacidades técnicas.

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Rafiki, el cóndor que hará resurgir a su especie de las cenizas

Rafiki tiene nombre propio porque su historia también tiene una fecha precisa: nació el 29 de julio de 2024, después de 58 días de incubación. Su nombre significa “amigo” en suajili y fue escogido en homenaje a Rafael Torres, gerente de la Fundación Parque Jaime Duque.

Su destino es el páramo El Almorzadero, donde la Fundación tiene la Reserva Natural La Piedra del Cóndor. Allí, el programa trabaja sobre una zona de alta montaña que sirve de refugio y corredor para la especie. La liberación ha sido anunciada para 2026 y estará acompañada de seguimiento en vida silvestre mediante dispositivos que permitirán conocer sus desplazamientos y adaptación.

El inminente vuelo de Rafiki no implica que la misión haya terminado. Más valen cien cóndores volando que uno en cautiverio. El ejemplar criado bajo cuidado humano tiene que demostrar que puede desenvolverse sin personas: volar largas distancias, alimentarse por sí mismo, reconocer a otros cóndores y moverse en un territorio en el que no tendrá un cuidador esperando con comida.

El principal peligro no desaparece porque un ejemplar llegue al páramo: en Colombia las escopetas siguen tirándoles a los pájaros. El cóndor enfrenta pérdida de hábitat, reducción de fuentes de alimento y conflictos con comunidades rurales. Una de las amenazas documentadas es el envenenamiento de carroña, utilizado como retaliación por productores que consideran que el ave puede atacar animales domésticos. Por eso el programa trabaja también con los habitantes de la zona.

La apuesta es que Rafiki no sea solamente un individuo liberado, sino el comienzo de una población que pueda reproducirse. El éxito definitivo, explican los especialistas, no estaría únicamente en verlo volar: estaría en que dentro de varios años pueda convertirse en adulto reproductivo y aportar nuevos cóndores a las montañas colombianas.

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El huevo fue puesto el 31 de mayo de 2024 por una pareja de cóndores llegada de Chile en 2015. Tras 60 días de incubación artificial, nació Rafiki, primer cóndor incubado artificialmente en Cundinamarca.

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El Almorzadero, donde cuenta los ejemplares de cóndor que vuelan libres

Mientras en Tocancipá los técnicos preparan a los futuros habitantes de los Andes, en El Almorzadero otro grupo busca saber cuántos cóndores quedan allá arriba. La Fundación Parque Jaime Duque trabaja en este páramo junto con comunidades campesinas y organizaciones locales, mediante observación directa, cámaras trampa y seguimiento de individuos.

Los resultados recientes son una de las razones para mirar con ojos de águila la situación. El programa reporta más de 40 cóndores registrados en El Almorzadero durante 2026, cuando en 2022 había identificado 21. También señala que el número máximo de individuos observados simultáneamente pasó de 27 en 2022 a 35 en 2024.

No se trata simplemente de contar aves: conocer dónde duermen, por dónde se desplazan y qué zonas utilizan permite identificar los lugares que necesitan protección.

El territorio tiene además una importancia que va más allá del cóndor. La Reserva Natural La Piedra del Cóndor hace parte de las áreas que la Fundación protege en el páramo. Allí, se han sembrado más de 2.820 plantas nativas entre 2022 y 2026, con participación comunitaria en 85 % de las jornadas y una supervivencia superior al 80 % del material sembrado. En 2026 se han plantado más de 720 plantas en antiguos potreros de pastoreo.

El equipo trabaja con 28 familias de cuatro municipios de Santander —Cerrito, Concepción, San Andrés y Guaca— para modificar prácticas productivas y reducir los conflictos con la fauna.

El cóndor es una de las aves más grandes del planeta y una pieza clave de los ecosistemas de alta montaña porque consume carroña y ayuda a mantener el equilibrio sanitario de los páramos.

En Colombia es, además, un símbolo nacional: antes de estar en el escudo nacional fue un animal que volaba sobre las cordilleras del país. El trabajo del Jaime Duque busca que vuelva a hacerlo no como la imagen del escudo, sino como animal libre.

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