EDITORIAL
Hoy Iván Duque será electo nuevo presidente de los colombianos, la abstención será más notoria que en ocasiones pasadas y el voto en blanco será protagonista, pues aumentará considerablemente en relación con elecciones anteriores.
Hay dos candidatos que si bien en si representan renovación, el uno por sus ideas progresistas y el otro por su juventud y frescura, inspiran al tiempo una enorme desconfianza en el electorado, el primero por lo radical de sus posturas y el segundo por su falta de experiencia y por la influencia que pueda ejercer Álvaro Uribe sobre él.
Los discursos que Duque y Petro le darán al país hoy serán históricos y marcarán en gran medida la hoja de ruta para lo que viene. Duque deberá asumir el triunfo con mesura, darle un parte de tranquilidad a la oposición invitándola al diálogo y prometiéndole que respetará a las instituciones y la ley al pie de la letra, que defenderá los derechos de las minorías y que no hará trizas el acuerdo de paz.
Por su parte Petro deberá reconocer su derrota, anunciar que aceptará la curul en el Senado de la República y que hará una oposición firme pero respetuosa. Lo peor que podría darle Petro al país hoy, es un discurso incendiario que aumente el odio y la polarización y que divida aún más a los colombianos.
Esta elección ya está cantada y no tiene reversa, lo que no está cantado son los discursos de ambos candidatos, el mensaje que ellos le darán al país y el talante que ambos mostrarán tener de cara al futuro de Colombia.

