EDITORIAL
La democracia además de un sistema político, en el cual la mayoría de los ciudadanos tienen el derecho de escoger y controlar a sus gobernantes en pro de preservar su soberanía, también se determinan las conductas necesarias para la convivencia colectiva.
Por lo expuesto, es necesario que en un país en democracia exista participación electoral, de lo contrario no tendría sentidos ir a unos comicios en el cual nadie acuda, ya que la voluntad de unos pocos se impone a la de muchos.
El compromiso democrático debe prevalecer, ante todo, a través del voto. Porque ejercer este derecho en un país donde lo permite es de suma importancia, una responsabilidad y, teniendo en cuenta la historia, también un privilegio.
En Colombia, desde la promulgación de la Constitución de 1991 se convirtió formalmente en uno de los países más democráticos del mundo.
Aunque muchos no lo quieran ver, Colombia en comparación a otros países que dicen ser demócratas, es una nación donde existe el respeto por los poderes, por lo que fortalece la democracia representativa y la participación ciudadana.
En este sentido, se evidencia que la democracia es protagónica, porque les ha permitido a todos los candidatos manifestarse en toda su expresión. Hoy vemos con claridad a dos candidatos que se han enfrentado políticamente ya que cada uno representan los extremos “La Derecha y La Izquierda” que podríamos decir no tienen analogía en sus discursos.
Los colombianos deben demostrar este domingo que, pese a que en los últimos años ha existido voluntad política para resolver los principales problemas, tienen el poder de decir quien será a su juicio el que cumpla con las promesas que contribuyan al desarrollo de las políticas publicas y sociales.

