El famoso diseñador, Karl Lagerfeld solía decir que su misión en la moda era fruto de un pacto parecido al que Fausto firmó con el diablo, a través del que el insatisfecho protagonista de la leyenda alemana intercambiaba su alma por la sabiduría ilimitada y los goces de lo mundano.
Según información de Chanel, la histórica firma de la que era director artístico desde 1983, este gran diseñador, de 85 años falleció en París, sin dar mayores detalles de su fallecimiento, ocurrido en el Hospital Americano de Neuilly-sur-Seine, la rica localidad adosada a París, en el que ingresó de urgencia el lunes por la noche.
Lagerfeld nació en 1933 en Hamburgo, en un barrio residencial al oeste de la ciudad portuaria, pocos meses después de la llegada de Hitler al poder. Su padre, Otto Lagerfeld, empresario que había hecho fortuna con la importación de leche condensada, decidió alejarse de la ciudad por miedo a tumultos e instaló a la familia en un lugar aislado, a unos 40 kilómetros al norte de Hamburgo. Pero el personaje clave de esta etapa es su madre, Elisabeth, que habría vendido lencería en el Berlín de entreguerras, una mujer inflexible pero protectora que nunca dudó en defender al joven Karl de los insultos de los otros niños.
En tiempos de estética nazi, Lagerfeld prefería vestir con excentricidad, luciendo larga melena y atuendo tirolés. Una señal premonitoria: el mítico traje de tweed de Chanel, prenda estrella que se habrá pasado décadas reinventando, se inspiraba en esa misma tradición.
Lagerfeld formó parte de la generación que impulsó la decisiva transición de la alta costura al prêt-à-porter. Se formó junto a Balmain y Patou, de la que fue nombrado director artístico en 1958.
El diseñador también lideró un clan algo más cosmopolita que el de Saint Laurent, en el que figuraban el ilustrador portorriqueño Antonio López, la editora italiana Anna Piaggi o la modelo Pat Cleveland, asidua de la Factory de Warhol. Lagerfeld llegó a interpretar un pequeño papel en L’amour, la película experimental que el artista rodó en el París de los setenta.
Con Lagerfeld habrá cambiado la propia naturaleza del oficio que desempeñó. Al frente de Chanel, Lagerfeld inventa los desfiles espectaculares, se abre a las colecciones cápsula, conquista las redes sociales y convierte a una marca polvorienta en un imperio global de más de 8.000 millones de euros anuales. Lagerfeld también se hizo un disfraz a medida, con su inalterable uniforme compuesto de traje negro, camisa blanca, cola de caballo y gafas oscuras. Con su temida desaparición, la moda no tendrá otro remedio que volver a transformarse. Pero esa habrá sido, después de todo, la principal enseñanza de un modisto para quien el cambio fue la forma más sana de supervivencia.
Fuente: elpais.com

